EL MAGO INTERIOR...

 El Mago Interior no es otra cosa que la afirmación de nuestro poder personal para afectar la realidad a partir de la toma de conciencia de la estrecha relación entre el mundo interior y exterior.

El rol de Mago nos hace conscientes de que a un cierto nivel todos estamos conectados y que lo sagrado no está por encima de nosotros juzgándonos, sino que es inmanente a nosotros, a la naturaleza, la sociedad y el cosmos.

Sin embargo, la relación entre el mundo interno y externo no es simplemente de causa-efecto. Actúa por sincronicidad, término empleado por Jung para referirse a las "coincidencias significativas".

Muchas veces, cuando nos liberamos de la obsesión de control y nos abrimos a la vida, ocurren milagros. La gracia aparece en una persona extraña que nos consuela con su ternura, nos topamos con alguien a quien no veíamos hace mucho tiempo y nos abre una nueva puerta o cuando estamos en lo más profundo de una crisis, un flash intuitivo nos reorganiza el panorama interno y resurgimos de nuestras propias cenizas.

El arquetipo del Mago opera con la confianza en la intuición, el misterio, la existencia de mundos paralelos... EL "efecto mariposa" postulado por el metereólogo Eduard Lorenz, plantea que algo tan pequeño como el aleteo de una mariposa, puede generar un tifón a miles de millas de distancia. Esto lo descubrió en sus trabajos de simulación sobre el efecto caótico que pueden tener las alteraciones pequeñas en el clima. La película Brazil, en la cual una mosca en un ordenador causa un cambio radical en la vida de los protagonistas, es una excelente demostración de este principio.

El efecto mariposa es una voz de aliento para nuestros Magos. Nunca sabemos con certeza en qué medida nuestros actos afectan a otros; pero lo que si es cierto es que muchos pequeños y grandes cambios sumados y hechos a conciencia, pueden tener un impacto inimaginado. En este sentido, Gandhi es un maravilloso exponente de la esencia de este arquetipo. Todas sus luchas se iniciaban en su interior y desde allí cultivaba la fuerza y el espíritu con que logró la liberación del pueblo indio, que no fue otra cosa que el despertar a la conciencia de su dignidad como personas y como pueblo. El Mago comprende que el cambio es, ante todo cuestión de autovalía y de dignidad y al iniciarlo en él mismo, genera el fenómeno de bola de nieve, creando ondas expansivas de transformación.

La vida está interconectada de manera tan compleja y misteriosa que hoy más que nunca, con los avances tecnológicos se ha expandido en gran medida esta capacidad de influir en otros, para bien o para mal.

Un buen termómetro para tantos pseudomagos que pululan hoy en día ofreciendo pócimas y curas instantáneas, es en qué medida alientan el autodesarrollo y la capacidad de responsabilizarse de sus propias vidas en aquellos a quienes "curan".

Una de las principales tareas de este alquimista interno es transmutar las sombras en luz, a partir de la comprensión de que todos tenemos la capacidad de pensar y hacerlo todo: desde el más alto logro espiritual hasta el acto más bajo, bárbaro y degradante.

Como planteó Jung: "Prefiero ser un hombre completo que un hombre bueno". Como sucede con el cuento de la Bella y la Bestia, la capacidad de amar a la bestia (la sombra) en nosotros y en otros, con frecuencia la transforma en príncipe o princesa.

A nivel del Alma, nuestra tarea es aprender a responder a todo, no sólo a las partes que parecen buenas, puras o hermosas y divertidas, o las que aprobamos, sino experimentar la totalidad de la realidad interconectada con sentimientos profundos.

"El Mago en nosotros también tiene el poder de nombrar, si no nombramos con exactitud nuestras historias y quienes somos, estamos a merced de lo que los demás ven en nosotros y de cualquier voz que suene en los rincones de nuestra cabeza".Carol Pearson

Esta capacidad de integrar en una misma realidad lo negativo y positivo no implica la negación de los problemas y dificultades que caracterizan a ciertos abordajes sobre la actitud mental positiva. Más bien implica un proceso reflexivo y una capacidad de ver más allá de las simplificaciones en que continuamente nos dejamos encasillar.

Recientemente, en medio de esta crisis que vivimos los colombianos, me dejé llevar del desánimo ante una decisión injusta y unilateral de una importante compañía. Pero un conato de búsqueda de coherencia me hizo preguntarme: ¿De qué me sirve mi discurso sobre el cambio, si no soy capaz de aplicarlo a mi propia vida? Y a renglón seguido, con mi herramienta terapéutica favorita: la escritura, respondí lo siguiente:

En épocas de crisis mantener la alta dosis de energía necesaria para cambiar, no es tarea fácil. Sin embargo, es posible transmutar la desesperanza en fé para no incrementar los obstáculos internos y externos que necesariamente afloran.

Igualmente, esa furia ancestral que todos llevamos dentro, es una faceta del destructor que puede convertirse en el más importante aliado para llevar a cabo transformaciones significativas. Por lo tanto, debo descifrar la mejor manera de canalizar este malestar redefiniendo mis relaciones con las organizaciones, buscando abordajes que me permitan ser más efectiva en las actuales condiciones y a la vez cuidar mi energía.

Mantenerse calmado, confiado, dispuesto en medio del huracán solo se logra tras contactar nuestras sombras, llámense tristeza, miedo, frustración o impotencia ante acontecimientos que no podemos cambiar.

Experimentar este lado del cambio, me sensibiliza hacia la frustración e impotencia de muchos de mis clientes, quienes se ven abocados a perder sus trabajos, a manejar la desesperanza colectiva, a generar prosperidad en un entorno desértico...

Esta es justamente la mejor oportunidad para llenarme de motivos para crecer y aportar, para confiar en la fecundidad y abrirme a la gracia, la cual nunca nos abandona si tenemos el espíritu abierto y contamos con aliados de los diversos mundos en los que ocurre la creación...

Terminé mi escrito y en el costado inferior de la agenda en la que estaba escribiendo me encontré la siguiente frase:

"En lo más crudo del invierno


aprendí al fin que había en mí

un invencible verano".

Albert Camus
Graciela Aldana de Conde

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